Llegar a Ceuta nadando, Sani, este joven camerunés, nos cuenta su aventura.

 

“Antes de empezar, os recuerdo que no estoy aquí para sensibilizar nadie. Estoy aquí para contar la realidad de Europa.”

 

Empezó con la cabeza baja, pero la releva para hablar con el público: “Es complejo cuando el momento llega. Porque hay que recordarse de todo, hasta las cosas malas de esos momentos.

Necesité dos anos para llegar a Ceuta. No me fui por motivos financieros. He tenido la suerte de nacer en una familia donde no me faltaba nada. No lo digo para demostrar algo, pero para terminar con prejuicios de los europeos cuando estamos en su país.

 

Estudiaba en Camerún y para descubrir más, pide una beca para ir a estudiar a Canadá. Nunca había tenido una imagen ideal de Europa ni del Occidente. Cuando estaba al punto de hacer el viaje, nos pidieron 5 000 euros como un chantaje. Mi familia se reunió para estudiar las posibilidades, entonces decidí en este momento no ir y seguir mis estudios en Camerún. Porque, de todas formas, quería ser útil por mi país.

 

Cuando salí de Camerún, no era para ir a España. Llegué a Nigeria. El primer día, pasé la noche en una estación de tren. Pero al despertar era difícil porque me habían robado todo, mis zapatos, mi mochila… Y a partir de ese momento, todo a sido muy diferente, muy complicado. Entonces, decidí volver al país. Pero al pensarlo, era absurdo abandonar mis sueños y empecé trabajar en los campos.

 

Después de haber colectado una pequeña suma, me fui de Nigeria y crucé el desierto para llegar a Argelia, con muchos riesgos. Una vez ahí, he vivido mucho racismo. Dormimos, porque no estaba solo, en tuberías. Con esas condiciones graves, caminamos hasta Marruecos. Y allí descubrimos como ir a España.

 

Al llegar a las barreras de Ceuta, si intentabas acceder ahí, lamas te amputaban el cuerpo. Entonces decidí entrar en España nadando con tres intentos que fracasaron. Los marroquís nos tiraban piedras y nos golpearon. Me despertó en un hospital, llegué inconsciente en España. Era en diciembre 2011. No sabía hablar español y era muy frustrante para mí.

 

Dos años de viaje y lo perdí todo: la dignidad humana, el sabor de la vida… Gente se acercaban para hablar y empezamos a tener de nuevo dignidad y esperanza. Después de cuatro meses, me hizo voluntario en Elin y empecé dar clases de español. Era muy raro porque tenía la impresión de cambiar de la persona que recibe a la persona que da. Después de varios meses, nos pusieron en una célula de deportación. Éramos ocho por célula. Vivimos en condiciones difíciles y nos sabíamos nada sobre mañana. Quería volver a mi país porque no podía más con la tortura”.

 

Nos miró como para decir “Entré en su país de manera ilegal, pero tengo mi dignidad. Les decía a los guardes que quería estudiar, pero me decían que era imposible porque no tenia papeles. Nadie viene en este país como tu y logra estudiar. Me escandalizó porque venia de alguien que está aquí para la integración de los emigrantes. Yo y Paula de Elin, éramos siempre en contactos.

 

Los emigrantes nos llaman de Europa para decir que está bien, que la vida es bonita pero no es verdad. Dormí durante tres meses en la calle, buscaba ONG para estudiar. Pero nunca me dio vencido. Me fui en un liceo, pero cada vez me dijeron que era imposible sin papeles. Un día el director me llamo para aceptar mi pedido pero que mi nombre no podía ser registrado en la base de datos et que tenia que empezar de nuevos los estudios porque en este país, no valía nada lo que había ya hecho antes. Son más complicados los estudios en África que en Europa. Seguía con los estudios, pero no tenía una situación estable. Sabia que lo importante para lograr era crear relaciones. Gratuitamente, daba clases de inglés y francés.

Es donde conocí une francesa y nos hablamos mucho. Un día me vio en la calle y me preguntó que hacía. Estaba en shock: le conté que era donde dormía y que no tenia que preocuparse. Me invitó a su casa, pero le dije que no, que tenía que hablar con su familia primero.

 

Un día, me duchaba en un lugar donde hay muchas personas sin techo y su hijo me invitó a bañarme en su casa. Acepté y una vez terminé, he visto varias decoraciones. Me dijeron todos juntos, bienvenido en tu nueva familia. La mujer me dijo algo que nunca voy a olvidar: “Donde comen tres, cuatro pueden comer”. Con esa nueva vida, he hecho una formación profesional y luego estudios de relaciones internacionales.

 

Siempre contaba la verdad a mi familia. Hay gente que están en Europa y tienen vergüenza decir que duermen en la calle. Tenemos que contar la verdad porque somos embajadores de África. Cuando no dices la verdad, metes una presión a la gente que se queda ahí. Si subes una foto tuya en lugares famosos de Europa, eres responsable que la gente se sube a cayucos para venir a Europa.”

 

Terminó su historia con esas palabras: “La lucha para desarrollar África, no son los jóvenes de Europa que lo harán, pero nosotros, los que estamos en África. No nos podemos lavar las manos de eso”.

 

El Centro Cultural Aminata intenta, desde su creación, luchar contra la inmigración irregular ofreciendo a los jóvenes posibilidades remuneradas.





Este articulo ha sido producido en el marco de las actividades del proyecto "Comunicación y cultura para el empoderamiento de mujeres y jóvenes desde el Centro Cultural Sunu Xarit Aminata Gandiol, en Senegal"   realizado por Hahatay, en colaboración con KCD ONGD y financiado por Ayuntamiento de Bilbao.

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