Así lo llamo porque lo es. Al despedirme de mi familia el pasado agosto, dije a mi madre que iba a recibir un curso de formación a Gandiol. Formación que tendría como resultado final la mejora de mi nivel de expresión en castellano. Pero, en realidad, al pisar el suelo de Gandiol, me he dado cuenta de que se trata de una doble formación, una intelectual y otra social.

¿Por qué una formación intelectual? Porque Gandiol y sus sonrisas o sea Hahatay me han permitido sentarme en un mismo colchoncito y debatir con españoles nativos. ¡ y vayas debates! Muy animados,

ricos en intercambios y en ideas. Debates durante los cuales cada uno intenta defender su punto de vista sobre el tema sin ofender al otro. Eso es un signo de respeto porque los aprendices traductores y los voluntarios españoles no tenemos las mismas creencias, ni las mismas costumbres socioculturales, tampoco percibimos el mundo de la misma manera. Así que cada uno avanzaba sus argumentos teniendo mucho cuidado para con su interlocutor porque cualquier palabra mal usada o una expresión mal formulada podría parecer como una crítica que heriría involuntariamente a alguien. Por esos debates, me he enterado más o menos de las realidades españoles y he adelantado mi baño lingüístico que debo tomar. Esos son bonitos y preciosos momentos que he experimentado en Gandiol.

También me han gustado los momentos en que jugaba a la chica traductora entre el pueblo y los españoles. De verdad, son momentos que merecen ser vividos. A ello agrego el episodio de la construcción del centro de Hahatay para los niños del pueblo que ha enriquecido mi caudal intelectual en el que figura desde ahora la capacidad a colocar y a pintar ruedas.

En Gandiol he recibido también una formación social. Ese ha sido mi primer contacto con gente de otros países, gente que no conocía antes. Ocasión para revisitar los valores que hacen posibles las relaciones y que solidifican los lazos entre las personas. Me refiero a la fraternidad, a la amabilidad, a la humildad y sobre todo a la tolerancia, son cosas que nos facilitan la convivencia. Me ha encantado la manera como los españoles tratan a la gente. Nunca te piden un favor sin empezar por «por favor» y terminar por « gracias cariño» y todo el mundo es guapo ante sus ojos, nunca ven la fealdad de una cara aunque sea esta cara fea de verdad. Otra experiencia que he vivido y que ha aumentado mi madurez en el plano social, son los momentos que he pasado con los niños. Mediante esas criaturas tan adorables y tan inocentes he adquirido unas astucias sobre cómo manejaré mi propio hogar y mis propios niños. ¡Muchas gracias a los niños!

Finalizaré este balance de mi curso de formación dando las gracias a Mamadou Dia por habernos dado esa oportunidad y por haber confiado en nosotros. Me ha enseñado, a través de su proyecto que nada es imposible, basta con tener la voluntad y creer en sí mismo. Aprovecho esta ocasión para agradecer a la familia de Dia que se ha convertido en mi propia familia. A decir verdad, no sabía que ese tipo de gentileza seguía existiendo en nuestro país. A todos los miembros de la familia os llevo en una parte muy especial de mi corazón, os quiero mucho; sin olvidar, los vecinos y la gente de pueblo.

Sokhna Kiné Ndiaye Gueye.

VEN A GANDIOL
Ven a descubrir los preciosos paisajes de Gandiol y sus interminables encantos, a compartir unos momentos inolvidables con sus vecinos (Dekandoos), enseñarles y aprender de ellos, a experimentar una forma de vida diferente a las costumbres y el día a día europeos… Vamos a comer con la mano, a bailar al ritmo de los tambores (sabar), a tartamudear con la lengua (Wolof)...



Deja que los niños se descojonen contigo y verás como sus sonrisas son contagiosas... Ven a compartir el té de la tita Maguette, los platos de la tita Fatou, los cuentos de Lamine… Vive la alegría de no tener que preocuparte de nada, nada que no sea importante de verdad… Ven a desconectar del ordenador, del teléfono móvil y de la agenda para conectar con la realidad humana, conectar con la vida...

Ven a vivir las noches de fiesta de luna llena, a dormir con los llorones de los burros y a despertarte con la alarma infalible de los gallos… Ven a andar descalzo sobre la arena y a llenarte los pulmones con el frescor de la brisa del Océano Atlántico… ¡Vamos, Gandiol te espera en Navidad!
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