Volver a casa.


Tras varios meses de trabajo, de esfuerzo, juntando las monedas que sobraban cuando iba a comprar el pan, de comprarme solo lo necesario, sin caprichos… conseguí juntar el dinero suficiente para volver a Gandiol, mi pueblo, donde desde hace ya un año siento que tengo otra familia.
Es la tercera vez que mis pies descalzos pisan esta maravillosa tierra, a veces húmeda por las lluvias de agosto, otras veces con pinchos que te obligan a parar en el camino dejando en la planta de los pies señales del contacto directo con la naturaleza.


Volver a casa. Volver a sentir los abrazos, los besos, el cariño y la alegría de las mujeres, los niños y las niñas, los hermanos wolof y yola de siempre y de los nuevos que te tenido el placer de conocer. Volver a escuchar de sus voces mi nombre toubab y mi nombre wolof y sentir como retumban en mi corazón. Sentir que no ha pasado el tiempo gracias a su forma de recibirme, riendo, bromeando, bailando y cantando como siempre. Felicidad entre lágrimas.
Pero si tengo que elegir una palabra para definir esta nueva etapa… es CRECIMIENTO.
Principalmente de los y las peques, quienes ya caminan, corren, reflexionan o incluso tratan de aprender castellano para poder comunicarse mejor con lxs voluntarixs que venimos de fuera. Crecimiento también de la gran familia porque, aunque no se hable de ello, se pueden encontrar nuevas barriguitas debajo del color de los vestidos.
Crecimiento del trabajo en el terreno, por el que gracias a las horas y horas agotadoras, empapadxs en sudor, entre teta y teta, mientras cantamos y nos cuidamos unos a otros recordándonos que tenemos que descansar y beber agua… hemos conseguido levantar un aula infantil que servirá de base de la educación de decenas de niños y niñas que aun no han cumplido la edad para ir al cole.
También sigue creciendo la familia Hahatay, con este último equipazo que hemos formado y que me ha enseñado cosas como: que el estado de ánimo puede curarte; que siempre se puede ser más dulce; cuales son las directrices para ser una buena ama; que ser coordi no es tarea fácil; que se pueden tener gustos e inquietudes comunes con los miembros de tu familia y vivir esta inolvidable experiencia; que llegar más tarde no te deja fuera de un grupo; y que incluso con un vacío enorme se puede disfrutar de cada segundo en Gandiol. Gracias a cada unx de vosotrxs por vuestro compromiso, actitud, buen humor y ganas por formar parte del crecimiento de Hahatay y de Gandiol, por no conformaros con dejar vuestro granito y dejar grandes montones de arena, a pesar de los dolores de barriga, carreras al baño, las peleas con las moscas a la hora de desayunar, de trabajar bajo el sol repellando botellas o pintando un muro, de empaparos en relec y que os sigan picando los mosquitos y arañas, de bañaros vestidas y otras dificultades diarias…
Pero también he visto crecer tanto como personas como profesionales a Amadou, Diaw Gueye y Lamine, quienes cada día dan lo mejor de sí mismos para hacernos el día a días más fácil, traduciendo no solo palabras sino sentimientos, transmitiendo a los niños y niñas de Gandiol lo que nosotros no podemos, demostrando que siempre hay más energía dentro de nosotros y que la misma canción repetida 500 veces puede tener el mismo valor y entusiasmo desde la primera a la última vez que es cantada.
Y qué decir de Laura y Dia, a los que tanto agradezco que me hayan dado de nuevo la oportunidad de formar parte de Hahatay, por hacerme más fácil la vuelta a casa. Esta vez también a la nueva casa que se han construido, en armonía con la filosofía de Hahatay utilizando la creatividad para reciclar lo máximo posible.
Imprescindible también nombrar a la pequeña Xadi, que es el reflejo de lo que cada día queremos conseguir con nuestro trabajo, contagiar y contagiarnos con las sonrisas y carcajadas de Gandiol.
Gandiol, a nivel personal, me ha enseñado que puedo disfrutar de cada segundo sin preocuparme por nada más, y que para poder dar amor a los demás hay que cuidar primero del amor propio. Que tenemos que vivir nuestra vida como cada uno queramos hacerlo y yo quiero seguir creciendo, llenando mi corazón de experiencias y amor de cada persona que se cruza en mi camino, que es lo único que me durará siempre. Doundal sá sune, dieureudieuf

Hellen Lacalle.

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Ponemos a tu disposición los libros escritos por el fundador de la ONG Hahatay, Mamadou Dia, en los que cuenta sus experiencias y vivencias tanto en su vida personal así como surgió la idea de formar Hahatay para ayudar a su pueblo natal, Gandiol, Senegal y luchar por su desarrollo.
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Foto Centro Cultural Aminata

Centro multiusos destinado principalmente a promover la educación no formal de los jóvenes de Gandiol, al mismo tiempo que se crea un espacio de encuentro que fomenta la participación comunitaria como herramienta para un desarrollo sostenible a todos los niveles.
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