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ONG Senegal | Sonrisas de Gandiol
GANDIOL CON LOS CINCO SENTIDOS
30 Agosto 2014 ► VERANO 2014
El olfato

Dice Mamadou que antes de ir a España, pensaba que los blancos teníamos un olor especial, pero que cuando llegó a nuestro país se sorprendió porque ya no olíamos como él recordaba. Más tarde, al volver a Gandiol, de nuevo ese olor... a Relec. Nuestro perfume de blancos, nuestro fiel compañero.

A eso huele un poco Gandiol.

Gandiol también huele al té de después de comer (aún no sé si es la hierbabuena lo que hace tan característico ese olor) y, a veces, a los animales que tenemos a apenas unos metros.
Y huele a "ceebu djen" y a "domoda boulette". Sentarse a comer es un festival para nuestra pituitaria. Todo huele igual y todo huele distinto.
Abrir los pulmones, respirar profundo e inflarte de Senegal.

El tacto

Tocar Senegal es tocar la arena.
Es arena fina, y no sé si también es que ya me he acostumbrado, pero tengo la impresión de que es mucho menos molesta que en España, donde enseguida me pone nerviosa y me urge quitármela de encima.
Es el abrazo cuando estás flojilla y las manos que se multiplican cuando te pones a hacer la colada.
Hoy descubrí que esas mismas manos son una ayuda excelente cuando te echas champú en la cabeza, y pocas veces fue tan divertido aclararse el pelo.
Senegal también es tocar sus telas. Wax a 1000 francos y wax a 1500 francos el metro.
También es agarrar con fuerza el paracaídas que hoy hemos estrenado y chocar la mano al saludar. Acariciar la piel de los niños. Hacer trenzas. Dejar que te hagan trenzas. Curar heridas. Árbol del té y semillas de pomelo.
Palpar Senegal.

El gusto

Senegal sabe a mango y a "ceebu djen" y "domoda", que repiten en nuevo apartado porque no pueden separarse los sentidos cuando uno se sienta en el suelo a saborear estos manjares.
A veces, Gandiol también sabe un poquito a arena que rechina entre los dientes y, desgraciadammente, en los últimos días también sabe a sueroral y a arroz blanco.
Es el sabor al pan con chocolate (el chocolate que escurre), a cocacola, a quesitos y a "beignet".
Sabe a la pasta de dientes con la que los niños se limpian los dientes, y a las bolsitas de hielo con sabor a hibisco que nunca nos atreveremos a probar.
Degustar Senegal, saborear Gandiol.


La vista

Despertarse y ver la ría es un privilegio. El agua, incluso cuando viene revuelta, transmite calma y paz. Pero cuesta asomarse sin mirar abajo, donde kilos y kilos de basura se amontonan en lo que me parece uno de las mayores desgracias de Gandiol: la eterna basura. Y aún más duele ver los cayucos y pensar, inevitablemente, en los que se hicieron a la mar y no volvieron.

Gandiol es sus montones de conchas por las calles y, a partir de ahora, será también ruedas pintadas de mil colores.
Gandiol es, quizá, borroso, pues apenas se ve gente con gafas.
Es el atardecer con el faro de fondo, la puesta de sol desde el palacete, las palmeras vencidas por el viento. Es la luz del farol de Hellen cuando nos quedamos sin electricidad, y los millones de momentos que nos empeñamos en inmortalizar con nuestras cámaras en vez de retener en nuestras retinas.
Observar, mirar.
Son los destellos de Gandiol.


El oído

Gandiol suena a las olas que nos arrullan y que yo por lo menos ahora ya casi ni percibo, y son un ruido de fondo -como el ruido de los coches en Valladolid- del que apenas soy consciente. Suena a ritmo que Amadou marca botella en mano en cuanto tiene ocasión, y a «modji». Suena a la llamada al rezo y a salmos, y también a Takeifa, a Titi y a Ismael Lo.
Suena a conversaciones escatológicas (cuando no es uno, es otro, y al final parece que encontramos consuelo en estas charlas), a enigmas y a "mira" pronunciado por Pape.

Sorprende que Gandiol no suena a llanto de niño, porque desde que pisé Gandiol creo que sólo tres veces he oído el llanto de un niño. Y, aunque casi todo el mundo tiene teléfono móvil, éstos apenas se oyen.

Gandiol es que te griten "toubab" por la calle, preguntar si la garrafa es "agua toubab"; «nejna, nejna» y «nejul, nejul», y también "aló aló". Son los nombres en wolof que soy incapaz de memorizar y "magale pupe". Es "Carmen mo niou nekh", mi banda sonora favorita, el grito de guerra que me alegra los días. Es desaprender francés para entenderse bien, "rafet" y "guapísimooo", y es "dieredieuf" por todo lo que me habéis cuidado estos días y por las palabras de ánimo a cada paso.
Es Abdoulaye leyendo en español mientras sigue las palabras con el dedo (el momento más mágico de cuantos he vivido aquí), y son, definitivamente, las risas. Escuchar vuestras risas, escuchar sus risas.
Siempre hahatay.

CARMEN CASTRO MANZANARES
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El libro 3052

Libro Proyecto 3052 3052 persiguiendo un sueño es el libro que está haciendo posible mi sueño. Gracias a el se han impulsado proyectos en Gandiol, el pueblo natal de Mamadou Dia autor y fundador de la ONG. El libro cuenta la historia de su viaje. Salió de su país, el 11 de Mayo de 2006 para alcanzar la tierra española por medio de un cayuco. Un viaje de 8 días, una aventura llena de peligros y de aprendizajes en busca de una vida mejor.
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ONG Hahatay

Hahatay, son risas de Gandiol es un Ong que trabaja en la cooperación. Nuestro organización hace también un gran trabajo de denuncia sobre las políticas occidentales que violan los derechos humanos de los inmigrantes. A través del voluntario internacional y la participación juvenil queremos promover acciones para el desarrollo sostenible del pueblo de Gandiol, situado en Saint-Louis, la región del norte de Senegal.
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